Cualquier cosa es ahora una «hoja de ruta»
Hace ya muchos años, a finales de 1999, en la residencia de verano del presidente estadounidense, Bill Clinton, se empezó a hablar de la hoja de ruta para intentar solucionar el problema palestino-israelí. Que yo recuerde, fue la primera vez que se utilizó esta expresión para referirse a un proceso consensuado entre varios países con el que se pretendió afrontar el futuro de este antiguo conflicto. La frase tuvo su éxito y los medios de comunicación la incluyeron inmediatamente en su vocabulario habitual, de modo que hoy hay tantas hojas de ruta como pueda imaginar cualquier hispanohablante.
Ahora a los planes o proyectos más dispares los llaman hoja de ruta. Las hay para referirse a fusiones bancarias, a «opas» más o menos hostiles, a proyectos de ley, a la organización de grandes acontecimientos culturales o deportivos… Y hasta para asuntos más particulares: «Queremos saber cuál es la hoja de ruta para que Alberto Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre se lleven bien», según pude escuchar no hace mucho en una emisora de radio. [Estas dos personas son, respectivamente, alcalde de Madrid y presidenta de la Comunidad de Madrid, en España.]
Aunque esta metáfora no sea del todo condenable, lo que hay que advertir es que la reiterada hoja de ruta está haciendo olvidar otras palabras y expresiones menos rimbombantes pero más claras y clásicas: proceso, plan, guión, calendario, proyecto, guía, programa, propuesta, camino, medio, itinerario, rumbo, trayectoria… y otras muchos posibles.
Sin atisbar cuál será el camino o el medio más adecuado para que el señor Ruiz Gallardón y la señora Aguirre arreglen sus cuitas y discrepancias, he aquí los ejemplos más recientes:
«…convocar una Conferencia Intergubernamental con una hoja de ruta que contenga un mandato claro y preciso para lograr un acuerdo antes de fin de año…». Quizá fuese mejor disponer de un guión o un proyecto que incluyese un mandato claro y preciso…
«…urge adoptar una hoja de ruta para desarrollar la Constitución europea…». A lo mejor sería suficiente establecer un programa o adoptar un plan para desarrollar la Constitución…
«…los socialistas madrileños ya tienen hoja de ruta para resolver la situación de su partido…».
Sería deseable que fijaran cuanto antes una guía o definiesen una propuesta para afrontar la situación…
«¿Cuál es la hoja de ruta de la “opa” de (…) sobre la empresa…?». Aunque en esto de las “opas” las cosas suelen precipitarse sin avisos previos, no estaría de más hablar de calendario o camino.
«La hoja de ruta para la fusión de los dos principales bancos del país pasa por…». Cuando dos grandes se fusionan, el plan o el proyecto que han urdido suele estar muy bien atado y no se desvela hasta el final.
«En la hoja de ruta para la inauguración del festival de cine se contempla la contratación de…». Lo consustancial a un festival de cualquier tipo siempre ha sido el programa, pero también puede que se requiera un proyecto muy específico para una inauguración espectacular.
«La hoja de ruta de este proyecto de ley de (…) requiere la intervención de…». Es casi seguro que el proceso de un proyecto de ley haya requerido la intervención de muchos y diversos expertos.
«Hoja de ruta para la puesta en marcha de la nueva empresa…». Es fácil presumir que cualquier puesta en marcha o comienzo de algo suele llevar implícito un calendario.