
Cuando un hispanohablante viaja de un país a otro en el que también se habla español, suele encontrar palabras y giros que le resultan raros y, a veces, hasta embarazosos; según los usos de su país.
A modo de curiosidad y divertimento, ofrecemos esta sección para que los viajeros que se mueven entre países hispanohablantes nos enriquezcan a todos con sus sorpresas y experiencias idiomáticas.
Iraida acaba de regresar a su país, Guatemala, tras estudiar un curso de Derecho Internacional en la Universidad Complutense de Madrid. Era la primera vez que viajaba a España. En cambio, su tía, Cocó, y su abuela, María del Rosario, son ya visitantes asiduas. Las tres han elaborado una lista con las sorpresas que les ha deparado el español de España. Y las tres coinciden en que lo que más les ha chocado es la gran variedad y reiteración de palabras malsonantes: coño, hostia, joder...
Paula, es colombiana, de Medellín, «la ciudad de la eterna primavera», recuerda. Tiene 33 años y está divorciada. Llegó a España en el año 2000 y no piensa volver si no es de vacaciones. En Colombia trabajaba de secretaria y ahora, en Madrid, lleva siete años en la hostelería. Lo que más le ha extrañado en el español de España es la palabra 'follar', que le parece muy fea; y 'tripas', que en su país dicen 'estómago'.
Rosana, peruana de 40 años, está afincada en España desde hace casi 20. Trabaja en un bar restaurante y está metida en todos los líos posibles de teatro, cine y música alternativos. Hace poco regresó de vacaciones a su país natal, después de 11 años, y lo que más le llamó la atención fue volver a escuchar su frase favorita de toda la vida: ¡pasu macho! Se lo oí a mi hermana y se me vino una vida de patriotismo encima... y solo quería subir a mi sobrinita en brazos! ¡«pasu macho, Valentina, cómo pesas ya!».
Domingo, ecuatoriano, de Milagro, graduado en Informática, tiene 20 años y lleva uno es España. Quiere ingresar en el Ejército pero, hasta la fecha, no ha encontrado plaza. Lo que más le ha sorprendido es la utilización coloquial que hacen los españoles de los insultos.
Juan, es un venezolano veinteañero que ejercía de ‘comerciante informal o buhonero’ en su país. Tenía un puesto en el mercadillo en Maracaibo en el que vendía pilas. Lleva ya algo más de un año viviendo en Madrid y trabaja como relaciones públicas de un bar en el barrio de Huertas. Lo que más le sorprende del lenguaje de los españoles es la falta de respeto a la madre y, en general, entre los propios españoles.
Feli es una enfermera madrileña de 50 años. Ella y dos compañeras de profesión han recorrido durante un mes varias regiones argentinas. Durante su periplo, tuvieron ocasión de presenciar un pequeño accidente: a una señora le había picado una avispa y hubo que ponerle una inyección. La sorpresa fue que la tuvieron que pinchar en ‘la cola’ y no el ‘el culo’, como ellas acostumbraban.
Natalia, colombiana de Bogotá, tiene 27 años y lleva dos en Suiza haciendo el doctorado en Ciencias Biomédicas. De sus visitas a España la expresión que más le ha llamado la atención es«¿Te hace ilusión?». «Nosotros ––dice–– no usamos esa expresión, que me parece muy linda»
Verónica, chilena de Viña del Mar, es bioquímica, tiene 34 años y lleva dos estudiando el doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid. Lo que más le sorprendió de España fueron los "tacos" de tipo religioso.
Johanna, paraguaya de 27 años y administrativa comercial en su país, lleva casi un año trabajando como camarera en Madrid. Lo que le sorprendió más a su llegada a España fueron las blasfemias y juramentos de todo tipo, especialmente con Dios y la Virgen de por medio, con que se expresan habitualmente la mayoría de los españoles.
Teresa, enfermera de 50 años, trabaja en Cantabria (España) y acaba de regresar de unas vacaciones de diez días en Costa Rica. Lo que más le ha llamado la atención es la expresión que usan para saludarse: «pura vida».
Ezequiel es argentino de Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires. Tiene 27 años y trabaja de relaciones públicas en un bar de Madrid mientras intenta la convalidación de su título de profesor de Educación Física. Lleva 6 meses y sigue sin acostumbrarse al uso del verbo coger; a pesar de haberlo oído a muchos españoles en su país y en las películas españolas que se proyectaban allí. Él sigue utilizando el verbo agarrar.
Carmen, española de 43 años, ha trabajado como asesora en diversos organismos internacionales. Acaba de concluir una estancia de dos años en Guadalajara, México, como ejecutiva de una gran empresa. No se le olvida la palabra «¡aguas!». Se la gritaron para evitar un accidente de coche.
Lilia, cubana de 25 años que estudia Derecho en Madrid.
Erik, periodista salvadoreño que llegó a Madrid para asistir a un curso de especialización.
Malena es argentina, de Buenos Aires, tiene veinticinco años y acaba de llegar a Madrid para ampliar estudios de Criminología.