
Cuando un hispanohablante viaja de un país a otro en el que también se habla español, suele encontrar palabras y giros que le resultan raros y, a veces, hasta embarazosos; según los usos de su país.
A modo de curiosidad y divertimento, ofrecemos esta sección para que los viajeros que se mueven entre países hispanohablantes nos enriquezcan a todos con sus sorpresas y experiencias idiomáticas.
Rosana, peruana de 40 años, está afincada en España desde hace casi 20. Trabaja en un bar restaurante y está metida en todos los líos posibles de teatro, cine y música alternativos. Hace poco regresó de vacaciones a su país natal, después de 11 años, y lo que más le llamó la atención fue volver a escuchar su frase favorita de toda la vida: ¡pasu macho! Se lo oí a mi hermana y se me vino una vida de patriotismo encima... y solo quería subir a mi sobrinita en brazos! ¡«pasu macho, Valentina, cómo pesas ya!».
Domingo, ecuatoriano, de Milagro, graduado en Informática, tiene 20 años y lleva uno es España. Quiere ingresar en el Ejército pero, hasta la fecha, no ha encontrado plaza. Lo que más le ha sorprendido es la utilización coloquial que hacen los españoles de los insultos.
Juan, es un venezolano veinteañero que ejercía de ‘comerciante informal o buhonero’ en su país. Tenía un puesto en el mercadillo en Maracaibo en el que vendía pilas. Lleva ya algo más de un año viviendo en Madrid y trabaja como relaciones públicas de un bar en el barrio de Huertas. Lo que más le sorprende del lenguaje de los españoles es la falta de respeto a la madre y, en general, entre los propios españoles.
Teresa, enfermera de 50 años, trabaja en Cantabria (España) y acaba de regresar de unas vacaciones de diez días en Costa Rica. Lo que más le ha llamado la atención es la expresión que usan para saludarse: «pura vida».
Ezequiel es argentino de Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires. Tiene 27 años y trabaja de relaciones públicas en un bar de Madrid mientras intenta la convalidación de su título de profesor de Educación Física. Lleva 6 meses y sigue sin acostumbrarse al uso del verbo coger; a pesar de haberlo oído a muchos españoles en su país y en las películas españolas que se proyectaban allí. Él sigue utilizando el verbo agarrar.
Carmen, española de 43 años, ha trabajado como asesora en diversos organismos internacionales. Acaba de concluir una estancia de dos años en Guadalajara, México, como ejecutiva de una gran empresa. No se le olvida la palabra «¡aguas!». Se la gritaron para evitar un accidente de coche.
Lilia, cubana de 25 años que estudia Derecho en Madrid.