
Ocurre en ocasiones que los diversos usos del español en los distintos países de habla hispana producen no pocas dudas entre quienes pretenden hacer buen uso de nuestro idioma. Hay giros que pueden inducir a confusión; palabras cuyo significado cambia radicalmente de sentido de un país a otro; modismos que para otros hispanohablantes constituyen un bello descubrimiento… Hay, en fin, mucho que disfrutar y aprender de una lengua que, como la nuestra, es muy rica en matices y singularidades.
En Guatemala, donde por desgracia abundan los criminales, la mayoría sicarios —asesinos asalariados según el DRAE—, no solo se aniquila a los seres humanos, también se atenta contra el idioma.
La conjugación correcta del verbo "haber" en su forma impersonal -solo en la 3ª. persona del singular- casi ha desaparecido y muchos hombres y mujeres (ellos públicos, ellas no) lo victiman, conjugándolo en todas las personas: "Hubieron manifestaciones, han habido tormentas" en vez de "hubo, ha habido". Similar tratamiento sufren "iniciar" y "agravar", a los que descabezan, pues los dejan impunemente sin sujeto: "Inicia censo hoy, agrava situación financiera". Y ni hablar de los verbos regulares conjugados como irregulares y viceversa: "Degollan mujer, aquí no neva, embruecan las ollas". Debe ser: "degüellan, nieva, embrocan".
También inventan palabras, y mandan a la cárcel del olvido a las legítimas, v.gr., "aperturar" por "abrir": "¿Va a aperturar una cuenta?"; "accesar" por "acceder", entrar o ingresar": "Accese a la red", y les cambian el significado a otras: En lugar de "espacio" dicen "nicho: "Invaden nicho ecológico", cuando nicho es una concavidad en un muro para colocar objetos de adorno o una construida en los cementerios para enterrar cadáveres. Confunden "prístino", que significa primario, original, con "puro" y "diáfano": "Esta tarde el cielo está prístino"; "rentar", que es producir un beneficio o utilidad, con "alquilar": "Se renta casa", y así sigue la lista ad infinitum. Por eso omito una serie de solecismos y otros desacatos que suman cientos.
Ahora, para el infame trabajo de los sicarios han inventado un nombre: "sicariato", y ese sí parece útil para la economía del idioma. Habría que sugerirles a los señores lexicógrafos que incluyan dicho término en el próximo DRAE. Es más práctico, aunque penoso, escribir: "En ciertos países el 'sicariato' florece" que: "En ciertos países el oficio de los sicarios florece". Además, los sufijos "ado", "ato" y "azgo" se les pueden añadir a sustantivos y adjetivos para crear nombres que designen estado, situación condición, oficio, estatus o dignidad (cargo o empleo honorífico). Así decimos: "No litigo. Me dedico solamente al notariado". "Ejerció primero el decanato y luego el rectorado" o bien: "las oficinas del decanato están en el segundo piso (no nivel)", pues también esos derivados pueden usarse para designar lugar.
"Ducado, marquesado, condado, etc." son términos que pueden referirse a la dignidad o al lugar. Con azgo" menciono "noviazgo", que designa tiempo: "El noviazgo es la época de las flores, el matrimonio, la de las vainas". "Vaina" en Guatemala significa molestia, contratiempo, además de ser la cáscara que encierra la semilla de algunas plantas, v.gr., la de los castizos guisantes - aquí arvejas o alverjas, aunque en España estas son plantas forrajeras.
María del Rosario Molina. Catedrática y columnista.
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